América Latina: agricultura que cura la tierra y combate el cambio climático

2026-10-30 18:40:16 - MUNDO

La agricultura es uno de los sectores que produce más gases de efecto invernadero y a su vez un tercio de los alimentos que se produce se desperdicia.

A esta paradoja ambiental se le añade la degradación de los suelos al usarse un gran número de productos químicos. "Ese es uno de los grandes desafíos dentro de las políticas agrícolas porque, cuando se usa tanto pesticida, la vida de la tierra no dura más de 10 años, incluso si son monocultivos, puede durar 5 años", explica a DW Luz Elena Navarro, analista de Acción Local y Sistemas Regenerativos de la Alianza por unos Sistemas Alimentarios Conscientes (CoFSA, por sus siglas en inglés).

Por ello, "es fundamental repensar cómo se produce la alimentación y empezar con una transición hacia una producción más agroecológica", asegura la experta, que lidera la colaboración con pueblos indígenas y comunidades locales.

"Cada vez que nos alimentamos estamos entrando en un contacto íntimo con la naturaleza, pero hemos perdido esto de vista", lamenta a DW Luis Alberto Camargo, fundador de la Organización para la Educación y Protección Ambiental (OpEPA), recordando que "más del 60% de los suelos en el mundo están degradados y pierden la capacidad de capturar carbono porque pierden la vitalidad de procesar y de generar esos procesos".

En este sentido, el también directivo de esta organización colombiana, recuerda que "los suelos se vuelven nuestra pila de carbón más grande en el planeta". "Se nos olvida el rol de la agricultura en este proceso que también es fundamental. Nuestro alimento puede ser una herramienta para enfrentar el cambio climático si aplicamos técnicas que se sincronizan con la forma en que los sistemas de vida funcionan: prácticas que permitan restaurar los suelos y reconciliar las relaciones", añade, apuntando a los beneficios que aporta la agricultura regenerativa como el aumento de polinizadores o especies dispersoras de semillas.

Y es que, tal y como recuerda Diego Moreno, coordinador de Aulas Agroalimentarias de la organización colombiana Fondo Acción, "el rol que asumió el agricultor de la agroindustria fue de un combatiente, teniendo en cuenta que todos los productos como los fertilizantes, herbicidas, insecticidas, fungicidas, fueron ideados como armas de guerra". "Eso es lo que llevó a que los agricultores estén todo el tiempo en combate contra la naturaleza", indica a DW.

"Los alimentos que estamos consumiendo vienen producidos bajo una filosofía de destrucción de la vida: siempre que hago un cultivo me dicen 'recomiéndeme un veneno para matar el gusano, la hormiga'… Hay que cambiar el rol, dejemos de vernos como un combatiente porque declaramos la guerra a la naturaleza y esa es una guerra perdida", considera Moreno, quien promueve la cocina para la tierra y cocina para las personas.

"Un agricultor que quiere hacer agricultura regenerativa debe concebirse como un cocinero pues el propósito superior de la cocina es la restauración, de ahí surge la palabra restaurante. Entonces un agricultor que se concibe a sí mismo como un cocinero es alguien que aprovecha los ingredientes, los materiales con los que cuenta en su territorio para transformarlo en alimento para restaurar la salud de sus suelos y restaurar la salud de sus cultivos", explica el coordinador de Aulas Agroalimentarias.

El pueblo Arhuaco en la Sierra Nevada de Santa Marta es uno de los participantes en la iniciativa.RAUL ARBOLEDA/AFP

De este modo, existen diversas experiencias en Colombia. "En la Sierra Nevada de Santa Marta empezamos a trabajar con los indígenas arhuacos con la planta maminteca, un cilantro de hoja ancha que es nativo de América que empezaron a reemplazar por condimentos artificiales. A través de talleres de cocina, empezaron a hacer sales aromatizadas y tienen la sal amia, una sal aromatizada con maminteca, que empezaron a ofrecer en restaurantes y también ha sido una alternativa de ingresos", explica Moreno.

Pero no es la única iniciativa, en las islas del Rosario, "se ha recuperado el uso de las especias, los arroces de diferentes vegetales, eso también se había perdido, pero ahora hacen arroz de ahuyama, también arroz de plátano, el pintadito, que es arroz con fríjol y platanito y es fríjol taraota, que es el que se puede sembrar en esta zona", explica a DW Margarita O. Zethelius, codirectora del Centro Ubuntu.

"La recuperación de semillas de fríjol ha sido significativa y se está usando en varios restaurantes importantes", recalca Zethelius, destacando que "frutas como el corozo, como el jugo, porque antes se utilizaba solo en Semana Santa, ahora ya están entonces pidiéndolo en diferentes restaurantes y se está comercializando más".

Este tipo de experiencias se están llevando a cabo en otros lugares de la región, ya que muchas comunidades todavía trabajan con sistemas ancestrales de siembra. "En México están los guardianes de la semilla en la península de Yucatán y son mayas que siguen cultivando la milpa ancestral. Es este sistema en donde se siembra el maíz junto con el frijol y la calabaza. Y además de eso tienen algunos rituales y ceremonias que siguen haciendo. De hecho, ellos lograron inscribir la milpa maya como patrimonio alimentario mundial en la FAO, la Organización para la Agricultura", subraya Luz Elena Navarro, analista de Acción Local y Sistemas Regenerativos de CoFSA.

Asimismo, Navarro destaca la iniciativa del Parque de la Papa de los Andes en Perú, donde seis comunidades indígenas unieron 10.000 hectáreas para preservar la variedad de semillas nativas. "Hasta ahora han rescatado 1.300 variedades de papas y están impulsando lo que se llama los territorios bioculturales. No solamente van a proteger la naturaleza, sino la parte cultural que está íntimamente relacionada: rituales, semillas, cómo se relacionan con la tierra... Es lo que buscan proteger y promover dentro de la cosmovisión quechua", puntualiza.

Por otra parte, en Ecuador, la Fundación Pachamama está revitalizando los llamados territorios de vida. "Es un sistema ancestral que se llama Chacra Quechua Azul: hay una parte que lo guardan para conservar, que es toda la selva, y ahí no se toca nada, una parte, un territorio que es para cultivar, que es la Chacra, en donde son policultivos, donde mezclan, por ejemplo, verduras, plantas medicinales, árboles, frutas y finalmente la parte donde está la comunidad, las casas, donde cohabitan", detalla, subrayando que este sistema se está replicando dentro de varias comunidades de la Amazonía, incluyendo ceremonias, rituales, intercambio de semillas.

(ms)

Fuente: dw.com
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